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Ansiedad

¿Qué es?

La palabra ansiedad, tan de moda hoy en día, proviene del latín anxietas que significa estado de agitación o aflicción. La ansiedad es una respuesta anticipatoria totalmente adaptativa de nuestro cuerpo frente a una posible amenaza futura o factor estresante que puede, o no, ser real. Según la RAE es un “estado mental de gran inquietud, una intensa excitación y extrema inseguridad”, pudiéndole añadir a esta definición, un sentimiento de temor y miedo excesivos experimentados por la persona que lo padece. Es una sensación que todos hemos experimentado alguna vez en nuestras vidas y que prepara al sistema para algo que detecta como importante, provocando, asimismo, estados de preocupación, conmoción, nerviosismo e intranquilidad. Si se agrava, puede incluso no permitir el descanso de quien la padece. Se trata de un mecanismo totalmente benigno, que nos mantiene alerta delante de sucesos que pueden comprometer nuestra integridad física y mental y, aunque hoy en día se la ha demonizado, en las dosis correctas, proporciona un componente adecuado de activación como signo de precaución en situaciones altamente peligrosas. Si los niveles de ansiedad son apropiados nos pueden ayudar a mantener un buen estado del arousal (activación), de concentración y alerta preparándonos con éxito para situaciones que suponen un reto para nosotros. El inconveniente surge cuando las situaciones ansiógenas nos desbordan, o consideramos que no tenemos recursos suficientes para hacerles frente provocando que el sistema generador de ansiedad no funcione correctamente. Debemos tener en cuenta que la ansiedad también se puede presentar sin tener situación de amenaza a la vista, sólo con un pensamiento que consideremos intrusivo o con un simple estímulo que nos genere ansiedad. En estos casos, tenemos la percepción que no podremos actuar al respecto, produciéndose lo que se denomina “indefensión aprendida” (percepción incapacidad para afrontar una situación) derivando a un deterioro del funcionamiento psicosocial y fisiológico. El término ansiedad es muy amplio y se puede referir a una respuesta filogenéticamente adaptativa de nuestro organismo para preservar nuestra integridad física, pero también puede referirse específicamente a un síntoma, a una característica de la personalidad o a un trastorno.

Tipos de ansiedad

Podríamos considerar que hay dos tipologías genéricas de ansiedad: la sana (o adaptativa) y la patológica. La línea entre ambas es muy fina y muy difusa no dejando claro así, cuáles podrían ser los factores diferenciadores entre ambas. No obstante hay unas directrices que nos pueden ayudar a distinguirlas:

La ansiedad sana, puede haberse aprendido por observación o por propia experiencia, pero principalmente es una respuesta innata a miedos ancestrales que nuestra mente ya tiene clasificados internamente. Esta ansiedad es eficaz, manejable y tiene un propósito: asegurar nuestra supervivencia en presencia de elementos altamente amenazantes. Se presenta ante estímulos reales y su respuesta es totalmente proporcionada. Su función es la de economizar el tiempo ante situaciones peligrosas. Si el cerebro reconoce tales situaciones, es capaz de poner en marcha una serie de mecanismos que nos ayudarán a reducir el tiempo de respuesta y actuar lo más rápido posible de forma efectiva.

Un ejemplo podría ser cuando nos enfrentamos a un problema difícil en el trabajo, antes de realizar un examen o antes de tomar una decisión importante. Si bien unas dosis de ansiedad suficientes pueden ayudar a enfrentar dichas situaciones, dar un impulso de energía, aumentar la creatividad y la atención… para las personas con unos niveles de ansiedad desmesurados, el miedo no es temporal y puede ser altamente incapacitante.

¿Cuándo se convierte en no adaptativa? Cuando los síntomas de ansiedad presentes ante estímulos que pueden ser internos (imágenes, recuerdos, pensamientos, ideas) o externos (operación, acontecimientos vitales estresantes, entrevistas, eventos sociales, vuelos, etc.) superan la capacidad de adaptación de nuestro organismo, se perciben como no controlables, acompañados de una respuesta irracional y desproporcionada por parte del individuo que, asimismo, advierte que no tiene recursos para hacer frente a estas demandas, interfiriendo así, en su correcto desempeño, provocando desmotivación y una sensación altamente desagradable.

Todo esto correlaciona con una sistemática preocupación por futuros acontecimientos inciertos desencadenando una rueda de pensamientos que se desata por la poco probable presencia de una situación potencialmente amenazante en el futuro. Por lo general esta cadena empieza por la pregunta ¿Y si…?

La ansiedad no eficaz, la patológica, es la que nos impide crecer como personas, y realizar actividades que serían altamente gratificantes para nosotros forzándonos a no salir de nuestra zona de confort activándose cuando no hay señales claras de peligro futuro o imminente. Este tipo de ansiedad puede ser focalizada en un tipo de estímulo (como sucede en las fobias específicas) o bien generalizada (desarrollando trastornos como el trastorno de ansiedad generalizado).

Es importante también diferenciar entre conceptos relacionados con la ansiedad.

  • El miedo es la reacción frente a un estímulo immediatamente peligroso.

  • Cuando la sensación de miedo se prolonga en el tiempo se origina la ansiedad provocada por situaciones de ocurrencia probable o improbable.

  • El pánico es cuando la sensación de ansiedad sobrepasa de tal manera que se apodera de todo nuestro ser.

  • La angustia va un paso más allá que la ansiedad. No tiene el caràcter adaptativo y propositivo de la ansiedad. Es un estado de permanente negativismo e indefensión de cara al futuro y de desesperanza.


¿Cómo funciona?

En la ansiedad intervienen 3 elementos: cognitivos (como pueden ser los pensamientos), físicos (respuesta fisiológica) y emocionales (miedo, temor, inquietud) que activan varios organos y partes de nuestro cuerpo con el objetivo de prepararnos para una respuesta de afrontamiento que se resuelva de la forma más exitosa posible a través de la huida o el ataque.

Cuando un individuo se encuentra en una situación que se percibe como ansiógena, se detecta una necesidad del organismo de aumentar el nivel de ciertos elementos corpóreos que, por lo general, están por debajo de lo normal.

Se da la información al Sistema Nervioso Autónomo (SNA) que, a su vez se compone de Sistema Nervioso Simpático (el que nos activa) y el Parasimpático (el que participa en procesos de relajación). El SNA llevará las órdenes al corazón, pulmones, sistema digestivo y todas las partes implicadas en la respuesta que se quiera ejecutar. El organismo se prepara para las tres siguientes opciones:

  • Preparación para el ataque

  • Preparación para la huida

  • Preparación para ser herido

Estas reacciones se presentaban en todos los animales superiores en épocas de nuestros ancestros que se veían amenazados por la presencia constante de animales salvajes y otros peligros de presencia contínua. Hoy en día estos peligros ya no existen pero aun así tenemos teniendo los síntomas de ansiedad en otros aspectos de nuestra vida que, aunque no impliquen peligrosidad elevada, implican una amenaza para nuestro autoconcepto moral y social.

Neurotransmisores implicados en los procesos de ansiedad (generación o inhibición):

  • Dopamina: colabora en el sueño, movimientos, memoria, comportamiento…

  • Noradrenalina: regula los patrones del sueño. Si tenemos en bajas cantidades podemos tener unos bajos niveles de motivación. Estimula el sistema nervioso simpático. Algunos síntomas de ansiedad como pueden ser enrojecimiento y sudor están mediados por este neurotransmisor.

  • Adrenalina: neurotransmisor activador del sistema nervioso simpático que podría estar relacionado con la velocidad de contracción del corazón, vasodilatador (dilata los vasos sanguíneos para que aumente el torrente sanguíneo y poder tener una mayor respuesta motora), dilata las pupilas, aumenta la frecuencia respiratoria etc.

  • Serotonina: relaja los niveles de ansiedad proporcionando control sobre la inhibición de la ira, cambios de humor, aumenta la percepción de la felicidad. Puede estar relacionado en el trastorno de pánico, trastornos obsesivo-compulsivos y en depresión.

  • Ácido gamma-aminobutírico: proporciona relajación mental y corporal. Es un potente relajante natural.

Como se activan estos neurotransmisores:

El sistema dopaminérgico se encarga de dar la alerta informando al organismo de aquello que le es necesario para llevar a cabo la respuesta adecuada frente a una potencial amenaza. Se libera dopamina en el Sistema Nervioso Central, que es el principal neurotransmisor que utiliza el sistema dopaminergico para llevar a cabo su cometido. Lo hace también cuando tenemos hambre, sed o sueño, y prepara las actuaciones convenientes para satisfacer estas necesidades. Cuando la amenaza cobra fuerza, se empieza a liberar adrenalina cuando estamos frente a situaciones en las que debemos pasar a la acción. Se trata de una cadena que consiste en:

  • Alerta amarilla (amenaza potencial),

  • Alerta roja (amenaza real)

  • Consecución del objetivo

Cuando esta cadena se rompe es cuando la facultad innata de resolver situaciones potencialmente peligrosas se puede corromper originando así los trastornos de ansiedad que conocemos en la actualidad, corriendo el riesgo de intoxicarnos de un exceso de dopaminas hecho que podría llegar concluir con el ataque de pánico.

Partes del cerebro implicadas:

  • Amígdala: centro regulador que evalúa la información interna y externa enviando información a órganos del cuerpo para dar respuestas viscerales como el aumento de la frecuencia cardíaca, entre otras.

  • Locus coerulus: regula la noradrenalina y por tanto participa en la toma de acción una vez detectada la amenaza.

  • Tálamo: es quien proporciona la información a la amígdala.

  • Hipotálamo: libera sustancias relacionadas con el estrés.

  • Hipocampo: transmite información de vital importancia a otras áreas del cerebro para regular la respuesta de ansiedad.

  • Corteza orbitofrontal: principalmente se dedica a planificar y organizar la respuesta apropiada.

CAUSAS

No se saben las causas exactas de la ansiedad, y en muchas ocasiones, no se llegan a conocer. Aún así, se pueden establecer unas hipótesis individuales para cada paciente, que nos ayudarán a trazar los posíbles orígenes de la ansiedad.

Por otra parte, es vox populi que la ansiedad consiste en un proceso multifactorial en el que diversos componentes como la genética, biología, química del cerebro, la educación, factores sociales, laborales y el estrés pueden tener un papel preponderante en su desarrollo.

A continuación veremos sus posibles causas:

Causas médicas

En algunas ocasiones la ansiedad refleja un problema de salud médica oculto. Es muy importante, en estos casos, la profesionalidad y pericia de los médicos de atención primaria que pueden ayudar en una detección precoz de los síntomas y, por tanto, iniciar el tratamiento adecuado lo antes posible.

Algunas enfermedades expresan sus primeros síntomas con signos de ansiedad. Si el médico sospecha que la ansiedad puede tener una causa médica, es posible que pida una analítica completa para descartar posibles patologías orgánicas.

Ejemplos de enfermedades que pueden cursar con los mismos síntomas que la ansiedad:

  • Enfermedades del corazón o coronarias.

  • Diabetes.

  • Problemas de tiroides.

  • Trastornos respiratorios, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

  • Asma.

  • Consumo de ciertos medicamentos .

  • Fibromialgia o patologías del dolor.

  • Abuso de sustancias.

  • Abstinencia de alcohol y de otros medicamentos.

  • Intestino irritable.

  • Tumores.

¿Cómo saber si los síntomas de ansiedad son debidos a otro tipo de patología?

  • Si no tienes parientes próximos con problemas relaionados con la ansiedad.

  • Si no tuviste problemas de ansiedad, o cualquier otro tipo de trastorno, en la infancia.

  • Si no evitas las situaciones relacionadas con la ansiedad.

  • Si se presenta de forma repentina, sin un estímulo previo que la desencadene.

  • Si no has tenido anteriormente problemas de tipo mental.

FACTORES DE RIESGO:

Los factores de riesgo pueden variar en función de los tipos de trastorno. Por poner un ejemplo vemos que el trastorno de ansiedad generalizada se presenta más en mujeres que en hombres. No obstante la ansiedad social se presenta a partes iguales en ambos géneros. Por otra parte, hay factores de riesgo que pueden ser comunes en todas las tipologías de trastornos relacionados con esta dolencia:

Hay tres tipos de factores que influyen en los circuitos del desarrollo de la ansiedad:

  1. Factores predisponentes:

    1. Causas genéticas: aunque aun está por determinar la implicación genética del traspaso de la ansiedad de padres a hijos, sí que se ha demostrado que lo que se hereda es la predisponibilidad a desarrollar trastornos relacionados con la ansiedad. Aún así queda mucho trabajo de investigación para determinar la casuística genética de la ansiedad.

    2. Antecedentes familiares: que sean propensos a desarrollar trastornos de ansiedad.

    3. Consumo de tóxicos en el embarazo que puedan provocar una vulnerabilidad. Por ejemplo el consumo de tabaco (o dejar de fumar mientras se está embarazada), consumo de alcohol y otros tipos de drogas.

    4. Estilo de crianza: factores como un apego inseguro (relación afectiva emocional con los progenitores) debido a padres ausentes emocionalmente, muy protectores o bien muy autoritarios podrá incrementar la probabilidad de tener problemas de estrés en el futuro.

    5. Tipos de personalidad: personas con un tipo de personalidad determinado pueden tener más probabilidades de tener ansiedad.

  1. Desencadenantes:

    1. Estrés: situaciones altamente estresantes. Cuando hay una acumulación de estrés constante y persistente en el tiempo se puede desarrollar un proceso de ansiedad que puede finalizar en un trastorno.

    2. Algunas afecciones de salud física, como problemas de tiroides o arritmias.

    3. Factores relacionados con la presencia de cierta amenaza imminente

    4. Traumas: como puede ser un accidente de tráfico, incendios, intentos de violación, abusos verbales o sexuales, intentos de asesinato etc. Estos sucesos no tienen por qué ser vividos en propia persona para desencadenar respuestas desmedidas de ansiedad, afectándonos de igual manera que si los hubiéramos vivido en propia carne. El sentimiento de ansiedad probablemente desaparecerá cuando se resuelva la situación problemática pero en ciertos casos puede permanecer en el tiempo. Es lo que se conoce como trastorno por estrés postraumático. Cuando el trauma sucede en la infancia las probabilidades de desarrollar un trastorno relacionado con la ansiedad en la etapa adulta, son muy elevadas. No obstante los adultos también pueden desarrollarla aunque las probabilidades son más reducidas.

    5. Consumo de sustancias estupefacientes como pueden ser el éxtasis, LSD, alcohol, uso indebido de medicamentos, drogas, pueden provocar estados de ansiedad o empeorarla.

    6. Consumo de café o té puede también producir altos niveles de ansiedad.

    7. AVES: Acontecimientos vitales estresantes. Por ejemplo, un embarazo, un cambio de trabajo, una mudanza, un despido pueden propiciar síntomas de ansiedad. El estrés provocado por la presencia de una enfermedad inacapacitante o con pronóstico grave puede inducir estados de ansiedad elevada.

  2. De mantenimiento: Cuando la ansiedad no se resuelve satisfactoriamente o bien cuando resulta excesiva, puede sentar las bases de problemas de salud que pueden incrementar en si mismo la presencia de ansiedad. Si la salud se ve empeorada es muy probable que aumente la ansiedad y nos impida llevar a cabo planes y proyectos de vida que podrían mejorar el estado de nuestro organismo. Supongamos la aparición de dolor muscular o articular debido a la presencia continua de estrés en nuestro entorno. Esto nos puede dificultar el llevar a cabo actividades cotidianas que son esenciales para nuestra felicidad y bienestar general. También las acciones evitativas pueden propiciar el mantenimiento y aparición de trastornos: si subir a un avión nos produce ansiedad, el mero hecho de no volver a subir por este motivo, puede que favorezca el mantenimiento, incremento y aparición de trastornos asociados como la fobia a volar.

El modelo cognitivo propone que los trastornos de ansiedad se originan por la presencia de creencias irracionales en nuestra forma de percibir la realidad que a su vez originan creencias intermedias desadaptativas que derivan en pensamientos negativos que originan emociones altamente desagradables. Supongamos el siguiente supuesto. Yo tengo la creencia irracional que el “trabajo lo es todo para mi”. Esta creencia desencadenará creencias intermedias del estilo “si no me ascienden es porque o bien no soy suficientemente bueno” que a su vez, disparará la presencia de pensamientos automáticos del tipo “no valgo para nada” “soy lo peor”. Estos pensamientos pueden disparar la presencia de emociones negativas relacionadas con la ansiedad.

SÍNTOMAS

Los síntomas de ansiedad pueden aparecer en cualquiera de las etapas de nuestra vida. No obstante en función de la edad de la persona se pueden presentar de diferente forma. Es más común que en niños se muestren signos de somatización (como por ejemplo pueden ser los dolores de barriga o problemas del habla) y en adultos sean más frecuentes los síntomas mentales o emocionales. No obstante todo dependerá de la personalidad y otras características de la persona.

Como hemos visto anteriormente la ansiedad tiene manifestaciones a nivel emocional, mental y físico. Cabe resaltar la importancia de acudir a un médico o un especialista tan pronto sean detectadas para intentar frenar su evolución y empeorar el cuadro de ansiedad. A continuación nombramos aquellos signos de ansiedad más habituales:

  • Síntomas mentales:

    • preocupación constante,

    • cansancio,

    • irritabilidad,

    • agitación

    • problemas para concentrarse

    • problemas para conciliar el sueño.
    • Pensamientos o creencias relacionadas con la ansiedad difíciles de controlar
    • Bucles de pensamientos amenazantes: Y si…
    • Inquietud
    • Tensión muscular y mental
    • Dificultad de toma de decisiones
    • Inestabilidad
    • Embotamiento
    • Desrealización (sensación de estar separado de la realidad)
    • Despersonalización (de estar separado de uno mismo)
    • Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe

  • Síntomas físicos:
    • Taquicardia
    • Extrasístoles ventriculares (latido extra fuera de lo habitual)
    • Dificultad para respirar
    • Respiración acelerada (hiperventilación)
    • Sudoración excesiva
    • Tensión muscular
    • Temblores
    • Mareos
    • Desmayos
    • Vómitos
    • Indigestión
    • Diarrea
    • Cefaleas
    • Dolores y molestias inexplicables
    • Sensación de ahogo
    • Sensaciones de hormigueo
    • Malestar en el pecho
    • Mareos
    • Paralización
    • Cansancio
  • Conductuales:
    • Cambios en el comportamiento habitual
    • Impulsividad
    • Agresividad
    • Habla acelerada
    • Ira
    • Conductas evitativas o de huida
    • Atracones de comida
    • Beber o fumar en exceso
    • Movimientos repetitivos sin una finalidad
    • Despistes
  • Emocionales
    • Llanto o risa nerviosa
    • Frustración
    • Indefensión
    • Irritabilidad
    • Cambios de humor
    • Incremento de la emocionalidad

El uso de cafeína, otras sustancias y ciertos medicamentos pueden empeorar sus síntomas.

TRASTORNOS DE ANSIEDAD

En los principales manuales de diagnóstico se establece que el trastorno se considera como tal cuando, en primer lugar, no es explicado mejor por la presencia de enfermedades o condiciones médicas, abuso de sustancias y cuando afecta a la funcionalidad normal de la persona que lo padece en la mayoría de los aspectos de su vida habitual. Los trastornos de ansiedad son afecciones en las que la ansiedad no desaparece y puede empeorar con el tiempo interfiriendo con actividades diarias, como el desempeño en el trabajo, la escuela y las relaciones entre personas.

Los diferentes trastornos de ansiedad presentan diferencias entre sí pero también aspectos comunes que a veces propician que se confundan unos con otros.

Trastorno de ansiedad generalizada:

Se trata de una tensión crónica por problemas como la salud, el dinero, el trabajo, familia, amigos, interacciones sociales, actividades, eventos rutinas… aún cuando nada parece provocarla. Esta preocupación es excesiva y desproporcionada, difícil de controlar, persistente, diaria y el diagnóstico se realiza cuando han pasado 6 meses con estos síntomas. Puede coexistir junto con otros trastornos de ansiedad o incluso derivar en una depresión.

Trastorno de angustia (o ataque de pánico):

Se experimentan ataques de pánico de forma espontánea. Se trata de una ansiedad aguda, extrema, muy difícil de gestionar, en la que la persona tiene la sensación de que va a morir. Estos ataques repentinos de miedo intenso no tienen por qué tener una causa directa y se instauran muy rápidamente pudiendo durar hasta varios minutos. Si el paciente posteriormente entiende que es un hecho ocasional, el trastorno muy probablemente no se originará. No obstante, cabe la posibilidad de que la persona desarrolle un miedo a que se repita esta situación cuya ocurrencia no puede prever, desarrollando así una ansiedad anticipatoria al ataque. Es lo que se denomina “miedo al miedo”.

En esos ataques los síntomas físicos como las palpitaciones, dificultad para respirar, dolor en el pecho son muy desagradables y son los que provocan los pensamientos de catástrofe y muerte inminente.

En el caso de asociar estos ataques a ciertos estímulos del momento y la situación en la que se producen, pueden facilitar que la persona evite tales sitios por miedo a la repetición del ataque y acabe derivando en una agorafobia. En estos casos el diagnóstico es de trastorno de angustia con agorafobia.

Trastorno fóbico:

Trastorno que tiene como rasgo esencial la presencia de un temor irracional, intenso y persistente ante un objeto, actividad o situación específicas con la consecuente evitación del objeto temido. Por ejemplo, el miedo a volar, a los pájaros o a los espacios abiertos.

También se puede dar el caso de enfrentar esos estímulos pero con unos niveles de ansiedad demasiado elevados.

Es un miedo irracional porque no están claras las causas de su gestación en la persona. A veces puede haber un componente vicario (vivencia propia) pero no tiene por qué ser siempre así. Hay personas que tienen vivencias muy traumáticas y no desarrollan una fobia a los estímulos presentados.

Ejemplos de fobias:

  • Agorafobia: temor a los espacios y situaciones de las que no tienes control y que pueden causarte pánico, de los que percibes que sentirás vergüenza, y difícilmente podrás salir o pedir ayuda. Pueden ser espacios abiertos, generalmente muy concurridos, desconocidos o cerrados.

  • Fobia a volar: miedo irracional e intenso a la sensación interoceptiva (interna) de volar y a la ocurrencia de una posible catástrofe que se percibe como inminente. En esta fobia también se podría incluir la falta de percepción de control en caso de que ocurriera la situación temida.

  • Ansiedad social o fobia social: implica grado elevado de ansiedad, miedo o rechazo a situaciones sociales debido a sentimientos de vergüenza, inseguridad, poca autoconfianza y preocupación por ser juzgado, criticado y percibido de manera negativa por otras personas.

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TOC: Trastorno obsesivo-compulsivo

Se trata de un trastorno que combina pensamientos rumiativos de catástrofe que muy probablemente derivan en compulsiones para compensar la ansiedad que éstos provocan y para evitar la catástrofe que se les asocia. Son percibidos como totalmente involuntarios y muy difíciles de controlar. En todo caso, el sujeto tiene la capacidad de reconoce el carácter absurdo de sus pensamientos o acciones. Un ejemplo puede ser: comprobar de forma automática y reiterativa los aparatos electrónicos de la vivienda habitual, lavarse las manos muy frecuentemente para evitar ser contagiado, cerrar y abrir las luces de la cocina para evitar la muerte de alguien conocido, no pisar las rayas de las baldosas del suelo para evitar una catástrofe, girar el pomo de la puerta X veces y un largo etcétera.

En según que manuales diagnósticos el TOC puede pertenecer a la categoría de trastornos fóbicos.

Trastorno por estrés post-traumático:

Se da en situaciones en las que se presentan secuelas psicológicas muy desagradables asociadas a la ocurrencia de un suceso traumático como puede ser una guerra, una violación, un intento de asesinato etc. En los que la persona ha vivido situaciones de elevada peligrosidad, tanto para su vida, como para la de otros. Algunos de los síntomas son recuerdos muy intensos y persistentes asociados al trauma, estado emocional de alerta constante y disminución del interés por tareas cuotidianas o que, antes del trauma, eran de gratificantes para la persona.

Trastorno de ansiedad debido a una enfermedad:

Se incluye síntomas de ansiedad o pánico intensos que son directamente causados por un problema de salud físico.

Mutismo selectivo:

Incapacidad principalmente presente en niños para desarrollar el habla en ciertos ambientes o situaciones como puede ser la escuela, aun pudiendo hablar en otro tipo de situaciones como el hogar, con amigos o con personas muy cercanas a la familia. Esto puede afectar el desempeño en la escuela, el trabajo o en la sociedad.

Trastorno de ansiedad por separación:

Es un trastorno presente inicialmente en la niñez, caracterizada por unos altos niveles de ansiedad no correspondientes con la edad y el estadio de desarrollo del niño y que se relaciona con un miedo a la separación del niño con los padres o las personas que cumplen la función parental.

Trastorno de ansiedad inducido por sustancias:

Síntomas de ansiedad intensos que pueden culminar en pánico debidos al uso indebido de drogas y sustancias estupefacientes o la toma de medicamentos errónea o por pasar por un proceso de síndrome de abstinencia.

Trastorno de ansiedad no específico:

Es una terminología para incluir tipos de ansiedad que no cumplen exactamente todos los requisitos para ser considerados un subtipo específico de trastorno de ansiedad, o bien reúnen varias características de diferentes trastornos y que son altamente alarmantes y perturbadores.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA?

¿Cómo se diagnostican los trastornos de ansiedad?

En primer lugar, si acude al médico es muy probable que elabore una serie de pregunas y le hagan un examen físico para descartar problemas de salud física de fondo.

En caso negativo se procederá a ejecutar una evaluación psicológica por el mismo médico o el especialista en salud mental.

Si acude directamente a un psicólogo, se iniciará lo que se denomina el proceso de evaluación para determinar el diagnóstico específico. Este proceso empieza por la realización de una entrevista donde el paciente tendrá la oportunidad de especificar su motivo de consulta. También se le preguntaran sobre diferentes áreas de su vida que podrán ser útiles a la hora de dictaminar el resultado. La entrevista puede ser:

  • Estructurada: se hacen preguntas específicas en las que el paciente deberá responder de forma concreta.

  • Semiestructurada: entrevista en la que se combinan preguntas cerradas y preguntas abiertas en las que la persona puede desarrollar más sus explicaciones.

En las primeras sesiones también es habitual la aplicación de escalas o cuestionarios que pueden complementar la entrevista inicial y facilitar el proceso de diagnóstico. Normalmente se aplican cuando ya se tiene una ligera idea del problema en cuestión. Estas escalas son instrumentos de cribado para detectar el trastorno específico y determinar su gravedad. Algunas de las escalas más comunes son la Escala de Ansiedad de Hamilton, Inventario de Ansiedad de Beck y la Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg, entre otras.

Es muy importante explicar al paciente el funcionamiento de la terapia y el funcionamiento de su problemática, como se ha instaurado, y los factores de mantenimiento de la misma.

Para determinar si una persona sufre o no ansiedad se deberán valorar los siguientes parámetros:

  • El motivo de consulta.
  • Los síntomas físicos.
  • Historia médica y psicológica anterior del paciente y de su familia.

  • Enfermedades médicas.

  • Influencia de tóxicos como la cafeína, el cannabis o la cocaína y otras drogas de síntesis, desencadenantes de crisis de ansiedad y angustia en personas con predisposición.

  • Historia personal, familiar, laboral, social… del paciente.

En la primera fase del proceso diagnóstico se deberá indagar sobre el motivo de consulta de la persona y qué le ha motivado a pedir ayuda. En la fase de exploración, a través de las entrevistas, de la observación del propio terapeuta, y de los inventarios o cuestionarios aplicados se explorarán las siguientes áreas:
  • Síntomas, localización, intensidad, cronología y evolución de los síntomas.

  • Enfermedades médicas o mentales presentes en este momento o en el pasado.

  • Factores predisponentes, desencadenantes y de mantenimiento

  • Esfera psicosocial: Entorno familiar, amistoso, laboral, afectivo, personal, creencias y expectativas, pensamiento, afectividad y entorno sociofamiliar, personalidad,…

A partir de la información recabada a través de las entrevistas y las pruebas diagnósticas se realiza el análisis funcional. En el análisis funcional se revisará toda la información disponible y se establecerán las diferentes hipótesis del origen del problema, y de su mantenimiento y se podrán establecer los objetivos del tratamiento y la terapia específica para el paciente. En la terapia cognitivo-conductual se establece una relación terapeuta-paciente de cooperación en la que el terapeuta facilita los recursos al paciente y el paciente debe cumplir una serie de tareas en consulta y entre sesiones para procurar el buen funcionamiento de la terapia y la mejoría del problema motivo de consulta.

Si sientes que tienes muchas preocupaciones, que interfieren en tu vida, en tus relaciones, te causan un malestar difícil de controlar, no ves la luz al final del túnel y sientes que tus recursos no son suficientes como para frenar esta ansiedad, es hora de pedir ayuda psicológica. Es posible que estas preocupaciones no se vayan por su propio pie y pueden incluso agravarse con el paso del tiempo, hecho que puede dificultar tu recuperación. En este caso pide ayuda lo antes posible para poder recuperarte de forma satisfactoria cuanto antes mejor.

El psicólogo te proporcionará herramientas que quizás tú no dispongas para poder solucionar tu problema actual.

La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser ampliamente eficaz en todo tipo de trastornos y en especial los relacionados con la ansiedad. Las probabilidades de superación con la terapia cognitivo-conductual son muy elevadas hecho que ha propiciado que sea el tratamiento de elección de muchos especialistas en salud mental. Con esta terapia podremos ver qué pensamientos, creencias y cogniciones erróneas hay detrás de tu problema y reestructurarlos para que sean mucho más realistas y adaptativos. Además se incide a través de tareas que se realizan en consulta, en la conducta que la persona ansiosa lleva a cabo proporcionando recursos para que la misma persona la pueda modificar y controlar. Se combina con técnicas de relajación, de respiración, de solución de problemas, habilidades sociales, asertividad y un sinfín de ejercicios y recursos que la persona podrá aplicar y que formarán parte de su repertorio conductual para siempre.

Es decir, la terapia cognitivo conductual no sólo te ayuda a solucionar tu problema presente sino que te proporciona de un repertorio de medios para conseguir tus propósitos presentes y futuros en cualquier área de tu vida.

Por ese motivo, aunque no tengas un trastorno propiamente dicho pero necesitas consejo para superar un aspecto de tu vida que se ha quedado estancado, la terapia cognitivo-conductual puede ser altamente efectiva.

COMPLICACIONES

Los trastornos de ansiedad difícilmente se presentan de forma aislada. Como hemos visto anteriormente, en casos de trastorno de pánico es muy probable la presencia asociada de agorafobia, mientras que en el caso de los trastornos de ansiedad generalizada puede coexistir una fobia social. No obstante, aparte de las correlaciones entre trastornos dentro del aspectro ansiógeno, también encontramos unos altos niveles de presencia de trastornos del humor como puede ser trastorno depresivo mayor, trastorno mixto ansioso-depresivo e incluso pueden derivar a abuso de sustancias como el alcohol. Es muy importante realizar un diagnóstico muy cuidadoso y específico para poder fijar las bases del tratamiento más adecuado y procurar que la sintomatología no empeore. El trastorno de ansiedad no implica solamente estar preocupado. También puede ocasionar, o empeorar, otros trastornos mentales y físicos, como los siguientes: Depresión (que a menudo se produce junto con un trastorno de ansiedad) u otros trastornos de salud mental Abuso de sustancias Problemas para dormir (insomnio) Problemas digestivos o intestinales Dolor de cabeza y dolor crónico Aislamiento social Problemas en la escuela o el trabajo Mala calidad de vida Suicidio

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PREVENCIÓN DE LA ANSIEDAD

Para prevenir la ansiedad, es importante adoptar en primer lugar, un estilo de vida saludable y evitar el consumo de sustancias que la causan o intensifican sus síntomas

Practicar ejercicio físico de forma regular, en especial al aire libre, también ayuda a despejar la mente y evitar los sentimientos ansiosos. No obstante en los casos que la práctica de ejercicio pueda inducir a una elevada ansiedad, se deberán pautar los ejercicios conjuntamente con el psicólogo. También es interesante la práctica de ejercicio físico anaeróbico.

Por otra parte, técnicas de control de la respiración son de gran utilidad a la hora de gestionar los síntomas de ansiedad. El control de la respiración nos permite enfrentarnos al estímulo, sin tener la sensación de angustia desmesurada. Del mismo modo, las técnicas de relajación ayudan a combatir la aparición de crisis. Se pueden aprender de la mano de profesionales o de manera autodidacta, mediante libros y material audiovisual de autoayuda. No obstante es interesante que las técnicas de relajación sean supervisadas por un profesional, porque puede que se utilicen como método evitativo de la ansiedad e interesa que la ansiedad, a la hora de realizar una terapia, no se evita sino que se afronte.

El mindfulness ha demostrado ser una herramienta muy potente a la hora de gestionar situaciones de alta carga ansiógena y emocional. Nos permite tener atención constante y plena en el momento actual permitiéndonos así, hacer caso omiso de los pensamientos negativos que constantemente nos avasallan la mente.

La alimentación consciente y sana. Una alimentación que satisfaga todas las necesidades nutritivas nos ayudará a mantener los niveles de ansiedad a raya. El 80% de la dopamina i serotonina (neurotransmisores que participan en varios procesos como la felicidad) se producen en el intestino y transmiten mensaje de satisfacción al cerebro. Si comemos de forma consciente, sin prisas, y con alimentos que sean lo más naturales posibles, adecuados a nuestra constitución y cocinados debidamente, será de gran ayuda para mantener nuestro organismo en un estado óptimo de relajación y tranquilidad.

Otras medidas que podemos adoptar:

  • Pide ayuda enseguida. Si te demoras, la ansiedad puede empeorar.

  • Realiza actividades que te resulten agradables.

  • Dedica tiempo a relaciones sociales sanas.

  • Evita el consumo de sustancias neurotóxicas.

  • Invierte en tu salud y tu ocio.

TRATAMIENTOS

Los tratamientos más habituales en ansiedad son la terapia cognitivo-conductual mencionada anteriormente junto con el tratamiento farmacológico. En el caso del tratamiento farmacológico se suelen emplear benzodiacepinas de vida intermedia como el alprazolam (efectos de 8 -24 horas) y de vida media larga como el diazepam (efectos más de 24 horas). No obstante hay muchos subtipos de fármacos que el psiquiatra o médico de cabecera puede valorar administrar en función de la evolución del paciente. Cabe mencionar que la función del ansiolítico es mitigar un poco los efectos de la ansiedad para poder mantener la terapia, pero el que ayudará a que el trastorno de ansiedad remita es la programación terapéutica elaborada con el psicólogo. También se puede administrar cierto tipo de antidepresivos de elección para el tipo de trastorno que se presente. El tratamiento con terapia cognitivo-conductual, ha sido reconocido, según investigaciones y estudios ampliamente demostrados como el tratamiento psicológico más eficaz para problemas y trastornos de ansiedad, alternativo al tratamiento farmacológico. Ventajas que presenta frente a otros tipos de tratamientos: Ningún riesgo para la salud No presenta efectos secundarios adversos Disminución del riesgo de recaída No deja patología residual Evita que se cronifique en el tiempo Reduce las visitas al médico mejorando la calidad de vida del paciente Instituciones como el National Institute for Health and Clinical y la OMS defienden este tratamiento como tratamiento de primera elección para trastornos depresivos, de ansiedad, TOC, y fobias específicas. Como decíamos en apartados anteriores, la terapia cognitivo-conductual se centra en gestionar el problema de ansiedad des de todas las vertientes en las que se muestran los síntomas de ansiedad, a nivel físico, mental y cognitivo y conductual. Enfocándolo así de forma global e integrativa. Otras técnicas complementarias a la terapia cognitivo-conductual pueden ser la técnicas dentro de la programación neurolingüística y de la terapia breve estratégica.

INCIDENCIA Y PREVALENCIA

Según la Sociedad Española de Psiquiatría, se estima que 1 de cada 10 personas sufre algún episodio de ansiedad en algún momento de su vida.

Los trastornos de ansiedad pueden llegar a afectar al 15-20% de la población en algún momento de la vida convirtiéndose en la enfermedad psiquiátrica más frecuente.

  • Trastorno fóbico: alrededor de un 7% por de mujeres y un 4,3% de hombres. Los hombres padecen fobias específicas (a algún animal, a un objeto, a la oscuridad, etc.)

  • Fobias sociales se hallan en un 13% de la población.

  • Ansiedad generalizada se da en un porcentaje del 3 al 5% de los adultos (en algún momento durante el año) teniendo, las mujeres tienen el doble de probabilidades de presentarla.

  • Trastorno de pánico un 1% de la población. Las mujeres son de dos a tres veces más propensas.

  • Trastorno obsesivo-compulsivo afecta a cerca del 2,3% de los adultos y sucede con aproximadamente igual frecuencia en mujeres que en hombres.

  • Estrés post-traumático afecta, por lo menos, al 1% de la población alguna vez durante su vida, aunque en las personas con mayor riesgo, como los veteranos de guerra, tiene una mayor incidencia.

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