El blog de Júlia

“Es tentador tratar todo como si fuera un clavo cuando la única herramienta que tienes es un martillo”  Abraham Maslow

¿Qué pasa con la pareja cuando se tienen niños?

Descubre cómo la llegada de los hijos transforma la pareja y aprende claves de comunicación para fortalecer vuestro vínculo y crecer juntos.
La llegada de un hijo es, sin duda, uno de los acontecimientos más transformadores en la vida de una pareja. Suele venir acompañada de ilusión, amor y nuevos proyectos, pero también de cambios profundos que muchas veces no se anticipan del todo. Tener hijos no solo transforma la identidad individual, sino que impacta de lleno en la relación de pareja.

El desafío del tiempo y la energía

Uno de los primeros cambios suele ser la pérdida de tiempo y energía. El cansancio, la falta de sueño y las nuevas responsabilidades hacen que la pareja pase a un segundo plano. Las conversaciones se vuelven más prácticas, centradas en horarios, tareas y necesidades del niño, y los espacios de intimidad —emocional y sexual— pueden reducirse considerablemente. Esto no significa falta de amor, sino un reajuste de prioridades que, si no se cuida, puede generar distancia.

La transición al equipo parental

Otro aspecto clave es el cambio de roles. Muchas parejas descubren, ya con hijos, expectativas no habladas: quién cuida más, quién trabaja más fuera de casa, quién toma las decisiones. Estas diferencias, cuando no se comunican, pueden derivar en reproches, sensación de injusticia o desequilibrio. En este punto, la pareja deja de ser solo pareja para convertirse también en equipo parental, y no siempre es fácil integrar ambos papeles.

Los hijos como espejo de la historia personal

Además, los hijos suelen actuar como un espejo de la historia personal de cada miembro. Aparecen heridas de la infancia, modelos educativos aprendidos y creencias profundas sobre lo que es “ser buen padre o buena madre”. Esto puede generar conflictos cuando las formas de educar chocan, pero también es una oportunidad valiosa para revisar, sanar y crecer juntos si se aborda con apertura y respeto.

La necesidad de ser vistos más allá de la crianza

No podemos olvidar el impacto en la conexión emocional. Muchas personas sienten que dejan de ser vistas como pareja y pasan a ser únicamente “mamá” o “papá”. Esta sensación puede generar soledad dentro de la relación. Por eso, es fundamental recordar que la pareja existía antes de los hijos y que sigue necesitando cuidado, atención y validación.

Estrategias para mantener la conexión

Entonces, ¿qué ayuda a que la pareja no se pierda en la crianza? La clave está en la comunicación consciente. Hablar de lo que se siente, pedir ayuda, expresar necesidades sin culpas y revisar acuerdos es esencial. También lo es crear pequeños espacios de conexión, aunque sean breves: una conversación sin interrupciones, un gesto de afecto, una cita sencilla.

Una oportunidad de crecimiento mutuo

Tener hijos no tiene por qué alejar a la pareja. Aunque supone una etapa de crisis y reorganización, también puede ser una oportunidad para construir una relación más auténtica, madura y consciente. Cuidar la pareja no es un lujo ni un acto egoísta: es una base emocional sólida que beneficia tanto a los adultos como a los propios niños.

FAQs

Es una sensación muy común y no debe generar culpa. El amor hacia un hijo tiene una carga biológica y de protección instintiva muy fuerte, mientras que el amor de pareja es una construcción social y afectiva que requiere mantenimiento. Lo importante es no olvidar que ambos afectos son diferentes y que el bienestar de la pareja es el sustento emocional que permite criar mejor.
La clave es buscar un momento de calma, fuera del conflicto directo con el niño. En lugar de criticar la forma de actuar del otro, es mejor hablar desde la propia experiencia («Yo siento que…» o «A mí me gustaría intentar…»). El objetivo no es tener la razón, sino encontrar un punto medio que respete los valores de ambos y aporte coherencia al niño.
Es fundamental realizar una «reunión de equipo» para revisar el reparto de tareas domésticas y de cuidados. Muchas veces, el desequilibrio ocurre de forma inconsciente por roles heredados. Poner las tareas por escrito y expresar la necesidad de ayuda sin usar reproches ayuda a que el otro miembro se involucre de manera más activa y consciente.
Más que la cantidad, importa la calidad y la frecuencia. No es necesario salir a cenar fuera todas las semanas si no es posible; basta con 15 o 20 minutos al día de «tiempo protegido» (sin pantallas y sin hablar de logística o de los niños) para mantener el hilo de la intimidad emocional y sentirse vistos el uno por el otro.

¿Sientes que la crianza está distanciando tu relación?

No permitas que el día a día apague vuestra conexión.

Consigue más información

Suscríbete a la newsletter