Señales de alarma en los trastornos emocionales infantiles
- Cambios persistentes en el estado de ánimo (tristeza, irritabilidad, apatía).
- Aislamiento social o rechazo a actividades que antes disfrutaba.
- Dificultades en el rendimiento escolar.
- Problemas de sueño o alimentación.
- Quejas somáticas frecuentes (dolores de cabeza o estómago) sin causa médica clara.
- Conductas regresivas, como volver a hacerse pis o pedir dormir con los padres.
- Miedos excesivos o irracionales.
- Baja autoestima y comentarios negativos sobre sí mismo
Trastornos emocionales más frecuentes
1. Depresión infantil
La depresión no solo afecta a adultos. En los niños puede manifestarse como tristeza persistente, apatía, irritabilidad, baja autoestima o pensamientos negativos. Es habitual que se acompañe de dificultades para concentrarse, problemas de sueño y cambios en el apetito.
Cómo actuar:
- Validar sus emociones sin minimizar lo que siente.
- Mantener rutinas de descanso, alimentación y juego.
- Consultar con un profesional de la salud mental para valoración y tratamiento.
2. Ansiedad y fobias
La ansiedad es una respuesta adaptativa, pero cuando se vuelve excesiva, afecta al bienestar del niño. Las fobias específicas implican un miedo intenso e irracional hacia objetos o situaciones que no representan un peligro real (animales, oscuridad, quedarse solo…).
Cómo actuar:
- Escuchar y comprender el miedo del niño sin burlarse.
- Evitar la exposición brusca a la situación temida.
- Acudir a un especialista, que puede trabajar mediante técnicas de afrontamiento y exposición gradual.
3. Trastorno de ansiedad por separación
Aparece cuando el niño experimenta un miedo desproporcionado a separarse de sus figuras de referencia. Puede provocar llanto intenso, malestar físico o rechazo a ir al colegio.
Cómo actuar:
- Acompañar la separación de forma gradual.
- Mantener una actitud tranquila y confiada.
- Pedir orientación profesional si las dificultades persisten.
- Trabajar en sus puntos fuertes y en cómo le pueden ayudar a sus puntos débiles
- Practicar la anticipación: el niño tiene el derecho de poder saber de antemano los acontecimientos que dirigirán su vida. En aquellas ocasiones en las que no se pueda trabajar la anticipación, ayudarle a gestionar sus emociones posteriormente.
Cómo acompañar desde casa
- Crear un ambiente seguro: fomentar el diálogo abierto y la expresión emocional.
- Observar sin juzgar: prestar atención a cambios repentinos o persistentes.
- Validar emociones: reconocer lo que siente el niño sin restarle importancia y ayudarle a canalizarlas. Las emociones requieren de “movimiento” para poder trascenderlas. Enseñarle como las puede gestionar.
- Fomentar hábitos saludables: descanso, alimentación equilibrada, actividad física.
- Mantener comunicación con la escuela: para detectar dificultades en otros contextos.
Cuándo pedir ayuda profesional
Si las señales de alarma se mantienen por más de un mes, interfieren con la vida cotidiana o generan sufrimiento significativo, es importante acudir a un psicólogo infantil. La intervención temprana mejora el pronóstico y ayuda a las familias a sentirse acompañadas durante el proceso.
