La comunicación con los hijos es uno de los pilares fundamentales para construir vínculos sanos, basados en la confianza y el respeto mutuo. A través de las palabras, los gestos y las actitudes, los niños aprenden no solo a expresarse, sino también a comprender el mundo que los rodea. Por eso, más que preguntarnos si debemos hablar con ellos, la cuestión clave es qué tipo de comunicación e información ofrecerles en cada etapa de su desarrollo.
¿Por qué aparece la ansiedad infantil?
La ansiedad no es “mala” en sí misma. De hecho, está pensada para protegernos y ayudarnos a reaccionar ante lo desconocido. Sin embargo, cuando la preocupación se mantiene en el tiempo o es demasiado intensa, puede afectar al rendimiento escolar, a la relación con otros niños e incluso a la autoestima. En la actualidad suele aparecer ante estímulos no reales que se pueden presentar hipotéticamente en el futuro.
Debemos tener en cuenta que el pensamiento del niño se suele centrar habitualmente en el presente. Cuando aparecen síntomas de ansiedad debemos plantearnos que la está provocando.
Algunos signos frecuentes son dolor de barriga o cabeza, dificultad para concentrarse, llanto en situaciones de cambio, irritabilidad o querer evitar ciertas actividades. A veces, las familias también se angustian intentando “hacerlo bien”, lo que sin querer puede reforzar los miedos del pequeño.

Qué podemos hacer desde casa
- Escuchar y validar A veces lo único que un niño necesita es sentirse comprendido. Frases como “entiendo que esto te preocupa” o “estoy contigo” bajan el nivel de tensión y refuerzan el vínculo.
- Crear rutinas clarasCuando el día es previsible, hay menos espacio para la incertidumbre. Mantener horarios —sobre todo por la mañana y antes de dormir— aporta calma.
- Ser buen ejemploLos niños aprenden observando. Si te ven resolver un problema con tranquilidad o usar respiraciones profundas, aprenderán ese recurso sin que tengas que explicarlo demasiado.
- Exposición gradual No se trata de evitar aquello que da miedo, sino de afrontarlo poco a poco. Por ejemplo, si le cuesta ir al cole, se puede empezar con llegar unos minutos antes para aclimatarse, saludar a alguien de confianza o hacer pequeñas metas.
- Jugar y contar historiasLos cuentos y juegos simbólicos ayudan a los niños a poner palabras a lo que sienten y procesar sus emociones de forma creativa.
Cuando la ansiedad aparece en el cole o en actividades sociales
- Cuidar el clima emocionalSentirse escuchados y respetados es básico. Cuando el niño nota que su voz importa, se relaja.
- Trabajar la educación emocional Actividades para reconocer emociones, practicar mindfulness o mejorar habilidades sociales son herramientas muy valiosas
- Flexibilidad y acompañamientoDejar descansar un momento, permitir una adaptación gradual o contar con un adulto de referencia puede marcar la diferencia.
- Conexión con la familiaHablar y compartir información facilita que todos rememos en la misma dirección.
FAQs
Puede aparecer desde la primera infancia, aunque se vuelve más evidente y compleja a partir de los 4-6 años, cuando el niño desarrolla el pensamiento abstracto y la preocupación por el futuro. La ansiedad por separación es común en los más pequeños.
No. La evitación ofrece alivio temporal, pero a largo plazo refuerza el miedo. La estrategia más efectiva es la exposición gradual y acompañada. Anime a su hijo a enfrentar pequeños desafíos con su apoyo, celebrando el esfuerzo, no solo el resultado.
Un miedo normal es pasajero (por ejemplo, a la oscuridad) y no interfiere con el día a día. La ansiedad problemática es persistente, desproporcionada, y comienza a limitar la participación del niño en actividades escolares, sociales o familiares. Si afecta al sueño o a lo somático (dolores físicos), es momento de consultar.
Es la capacidad del padre o madre de mantener la calma y regular sus propias emociones ante la angustia del niño. Si usted se pone ansioso o irritado, el niño «recoge» esa emoción. Ser un modelo de calma le enseña al niño a calmarse a sí mismo.
Sí, aunque no es la causa principal, algunos estudios sugieren que una dieta rica en azúcares procesados y cafeína puede aumentar la irritabilidad y los picos de energía, afectando la estabilidad emocional. Priorizar una dieta equilibrada es parte de la salud mental integral.
