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LOS LÍMITES

¿Qué son los límites y para qué sirven?

Cuando cogemos el coche para dirigirnos a un sitio, saber el camino a seguir, nos da seguridad y tranquilidad y, así, si nos desviamos sabemos hacia adónde debemos redirigirnos. El camino en este sentido es el equivalente a los límites en la educación. El límite es el camino ya determinado que los padres han dispuesto para sus hijos, para que tengan cierta estabilidad en un mundo de constantes cambios. El niño en la infancia es un torbellino de emociones incontrolables para él, conductas nuevas, en desarrollo en un mundo que está empezando a conocer y del que no sabe prácticamente nada. Por este motivo, darles pautas básicas, coherentes y estables les dará un plus de tranquilidad para desarrollarse de forma segura.

A nivel neuroanatómico, los niños se mantienen en constante desarrollo y un área muy tardía en formarse es el lóbulo frontal, encargado de la planificación, la atención, la motivación, la organización etc. Los adultos, por tanto debemos actuar como esta zona del cerebro para ellos estableciendo unas bases sólidas sobre las que construir su personalidad y que le serán muy útiles para desenvolverse con soltura en la vida.

Estos límites les proporcionarán seguridad,  tranquilidad… saber lo que tiene que hacer y lo que no, le ayuda a sentirse bien consigo mismo y con su entorno. Y al final, acaba por  incorporarlos de tal forma que los asume sin rechistar.  Debemos tener en cuenta que los niños intentarán traspasar ese límite siempre, dado que es su naturaleza investigadora y también porque necesitan que reafirmemos ese límite. Es por este motivo que debemos ser consecuentes e intentar no vacilar en nuestra determinación, ya que esto puede causar confusión y un precedente que quizás no deseamos establecer.

Estilos educativos

El estilo educativo es el conjunto de normas, valores, creencias, límites, actitudes y hábitos que los padres y profesores imparten a sus hijos y alumnos con el último objetivo de educarlos acompañado de la forma en la que se imparte. Se han determinado 4 estilos educativos principales: democrático, permisivo, negligente y autoritario.

  • Estilo democrático: las relaciones de parentesco son de igual a igual, teniendo en cuenta que el adulto tiene unas herramientas que el niño no ha aprendido aún. El progenitor de referencia imparte sabiduría y límites des del absoluto respeto, teniendo en cuenta las necesidades sociales, intelectuales, conductuales y emocionales del niño. Su opinión es tenida en cuenta en todo momento, y se le invita a tomar decisiones, pero la decisión final siempre radica en el adulto. El niño se siente motivado y escuchado.
  • Estilo autoritario: estilo mediante el cual se aplican castigos cuando no se consiguen las metas establecidas y se considera que al niño no se le debe tener muy en cuenta en cuanto a la toma de decisiones se refiere ni tampoco darle muchas explicaciones. La gestión emocional brilla por su ausencia.
  • Estilo permisivo: se caracteriza por la ausencia de límites y la sobreprotección. Normalmente no se motiva a que el niño haga las cosas por sí solo, al contrario, se considera que se le ayuda haciéndolas por él. Se suelen recortar libertades cuando el menor reclama independencia. Hay un exceso de muestra de cariño, mucha comunicación y no suelen interferir en el comportamiento de su hijo accediendo con facilidad a sus deseos.
  • Negligente: padres que no interfieren para nada en la educación de sus hijos, aplicando severos castigos y desproporcionados cuando no se cumplen normas que anteriormente no han comunicado a sus hijos. Ausencia de comunicación y de muestras de cariño. El niño no es tenido en cuenta en ningún momento y prácticamente se cría solo.
  • Normalmente los padres no se encorsetan en un tipo de estilo educativo firme, pudiendo variar en función de su estado de ánimo, del momento del día y otro tipo de variables. No obstante, si que suelen seguir una tendencia generalizada hacia un tipo de estilo concreto.
  1. La disciplina positiva es una corriente educativa que parte de la idea de que la educación no reside en el castigo o la imposición, ni la permisividad sino en un flujo de comunicación entre padres e hijos de igual a igual combinado con muestras de afecto, amabilidad, motivación, límites, motivación, promoción de la inteligencia emocional, aceptación incondicional, satisfacción de necesidades fisiológicas y emocionales de los niños. La disciplina positiva define el estilo educativo democrático como el más idóneo para la correcta educación del niño y adolescente.
  2. Límites generales. Tener en cuenta una serie de premisas:
    1. El objetivo último del niño es la sensación pertenencia social: es decir le gusta saber que es capaz y que es tenido en cuenta.
    2. Las normas o límites deben ser claros y transmitidos en un lenguaje entendible.
    3. Las emociones no deben ser reprimidas y siempre acompañadas. Posteriormente reflexionamos.
    4. Las preferencias del niño deben ser tenidas en cuenta.
    5. El ejemplo es la mejor enseñanza. Si queremos que el niño aprenda algo primero lo deberemos hacer los adultos.
    6. El sí antes que el no.
    7. La comunicación es la base de toda relación.
    8. Los primeros años los límites deben ir asociados a la supervivencia.
    9. Ser coherentes con las consecuencias.
    10. Cuando le reprendemos de forma agresiva, no aprende lo que ha hecho mal ni lo que tiene que hacer bien y le estamos enseñando un comportamiento que puede que repita en el futuro consigo mismo o con los demás.
    11. Cuando le reprendemos dejarle claro que no desaprobamos su forma de ser, sino que es lo que ha hecho lo que está mal. Ejemplo: quitarle este juguete a tu amigo no ha estado bien (en lugar de decirle “eres un egoísta”,“un caprichoso” o “un maleducado”).
    12. Incitarles a pensar qué han hecho incorrectamente, porqué y qué pueden hacer para reparar el daño.
    13. Los incentivos físicos están bien pero es mejor que aprendan a actuar de forma adecuada por su propia voluntad.
    14. Ponernos a su nivel para que el mensaje llegue mejor y nos vea de igual a igual.
    15. El niño no nos está vacilando ni juega con nosotros. Cuando por ejemplo le decimos “no puedes hacer esto”, si lo hace es para mostrarnos que sí es capaz de hacerlo. Por este motivo debemos ser claros en nuestros mensajes.
  3. Límites de  0 a 2 años:
    1. De 0-1 año: El niño se encuentra profundamente vinculado a su madre que utiliza como punto de apoyo cuando necesita ayuda. Cuando la madre está presente se siente con la seguridad de explorar su entorno, su curiosidad le incita a observar y experimentar con su alrededor para conocer el mundo en el que se encuentra y recurre a ella cuando se aleja demasiado.
    1. 2 años: los mal denominados “terribles dos años”. El niño de 2 años ya no es un bebé, sino un miniadulto que puede hacer ya muchas cosas similares a las que hacen sus padres: ya habla, anda, razona… , aunque aún es tremendamente dependiente e inmaduro. Ya sabe hablar bastante bien y continúa teniendo esa necesidad imperiosa de escudriñar cada rincón del ambiente que lo rodea, también con sus continuas preguntas. Los porqué estan a la orden del día y el “no” es su palabra preferida.

Es importante mencionar que los NO, aunque son importantes, se deben reservar para momentos en que sea imperativo utilizarlos, no debemos acostumbrarnos a decirle que no porque llegará un momento que la negación ya no tenga efecto en el menor. Deberemos reservarla para los momentos pertinentes.

Ejemplos de límites en el primer año: apartar sus manos de los lugares peligrosos, no dejarles caer de los brazos de los cuidadores de referencia, cruzar la calle de la mano,  apartar objetos peligrosos de su alrededor y quitárselos cuando los coja, si toma decisiones que no son peligrosas para él o ella incentivarle a que siga así (si desea comer por su cuenta, si desea probar algo de comida, si quiere vestir de tal forma, si quiere nuestro abrazo…), si dice que no quiere hacer algo o no quiere ir con alguien, respetarlo en la medida de lo posible, no interferir en sus investigaciones ni en la expresión de sus emociones (se acabó el decir “no llores” “no es para tanto”. En su lugar podemos abrazarle si quiere, preguntarle qué ha pasado, secar sus lágrimas… )

Es interesante que todo aquello que queramos que haga, lo hagamos con él o ella acompañándolo. Recordemos que somos sus grandes referentes y quiere que el adulto esté con él a todas horas, así que, en la medida de lo posible, es bueno que lo hagamos.

4.Límites de 3 a 4 años: aparece un creciente interés social, el niño se interesa por las personas y desea caer bien. El niño se transforma físicamente, sus movimientos son mucho más gráciles y controlados, sus proporciones se armonizan y ello le ayudará para obtener el favor y la atención del adulto. Sabe que hace gracia y le gusta hacerse el gracioso.  Su curiosidad no tiene límites y puede que nos abrumen con sus preguntas constantes: deberemos, en la medida de lo posible, intentar no interferir en esta curiosidad ni frenarla. Deberemos ser muy cautos cuando empiece a querer entrar en la cocina. Las rabietas pueden ser más constantes por su afán competitivo. Importante no frenarlas, invitarle a que las tenga en un lugar seguro y luego revisar qué ha pasado en la situación.

Técnicas como el time-out pueden ser útiles como último término (aislarle de la situación para quitarle el refuerzo positivo que ésta le ocasiona)  pero recientemente se ha demostrado que funciona mejor el time-in (aislarle de la situación para poder hablar con él y que reflexione sobre lo sucedido). Ejemplos de time-out: niño que interrumpe constantemente el funcionamiento de la clase. Sacarlo de clase interrumpe el refuerzo positivo que le produce alborotar a sus compañeros. Time-in: Sacarlo fuera de clase y hablar con él sobre lo que ha sucedido en el aula.

5.Límites 5 años: Ya tienen un sentido de consciencia, pueden seguir reglas más fácilmente y ayudar en tareas del hogar, pero pueden tender a crear situaciones adversas si no consiguen lo que quieren. Además empieza a desarrollar la capacidad de entender que los demás piensan así como lo hace él también (teoría de la mente). Aprenden a utilizar la ironía y se interesan por el funcionamiento de las cosas (un ejemplo puede ser saber como se concibe un niño).

Es una buena etapa para fomentar la empatía con el niño: si ha dicho algo que ha podido ofender (famosa es la capacidad de los niños de no tener filtros para decir lo que piensan (por la falta de desarrollo del lóbulo frontal) le podemos transmitir qué ha sido lo que ha dicho que debería modificar y el motivo. Supongamos el caso de un niño que por rabia o frustración insulta a la profesora, deberemos evitar el castigarle por mucha presión social que tengamos para hacerlo y fomentaremos el explicarle porqué está mal, preguntarle si a él o ella le gustaría que se lo dijeran, y hacerle pensar en qué podria hacer para reparar ese daño. Si vemos que tiene dificultades para ofrecer opciones le podemos ayudar nosotros mostrándole dos opciones que para nosotros resulten viables.

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